Si existe una sirena que desafía al tiempo, se llama Nora. A sus gloriosos 77 años, esta deportista no solo nada; ella domina la piscina con una vitalidad envidiable. Su manifiesto de vida es tan rotundo como un clavado perfecto: “Toda mi vida he amado nadar… para mí, nadar es lo que más amo en la vida”. Nora, con el orgullo de una atleta que ha coleccionado más kilómetros que medallas, se autodefine como “un pescadito.” Pero este «pescadito» esconde un secreto de alto rendimiento que ha transformado su hobby, en una disciplina de élite: la tecnología.
La natación acompañó a Nora desde los 8 años, cuando su padre la lanzó al agua y le dio el mejor regalo de su vida. Durante décadas, nadar fue su bálsamo, su ansiolítico y su identidad. Compitió con gusto, sin importarle el metal de la medalla, porque el verdadero premio era la inmersión. Sin embargo, en aquellos tiempos, su entrenamiento se movía por pura inercia.
La piscina era un misterio: “Antes era nadar y nadar,” afirma. “No sabía cuándo parar ni cuánto había nadado en kilómetros.” Era un ejercicio de fe y sensación, pero le faltaba la precisión de una
científica. Su cuerpo era su único medidor, y para una mente competitiva, eso era un vacío de datos.
La intervención digital llegó de la mano de uno de sus hijos. El obsequio fue un monitor de la marca Timex Ironman GPS, un verdadero Co-Piloto Biónico para su muñeca. Este artefacto es su arma secreta para dominar el carril de la piscina. De un día para otro, Nora adoptó la tecnología, lo que le ayudó a asegurarse de que el esfuerzo sea siempre eficiente y seguro. Así también, su monitor le permitió controlar la aceleración y, crucialmente, cuándo aplicar el freno de mano para evitar el sobre entrenamiento. Con ello, obtuvo datos precisos que transforman cada brazada en una métrica de progreso tangible. Desde que dejó la docencia en una escuela de Talca, la natación había pasado de ser un simple «antidepresivo» a un motor de vida. Pero hoy, ese motor está perfectamente calibrado.
Gracias a su monitor, Nora ha abandonado la natación por inercia para unirse al club de natación de la Universidad Católica del Maule, entrenando seriamente junto a sus compañeros. “Esto lo tomó en serio”.
La tecnología ha redefinido el significado de la victoria para ella: “Me pongo contenta cuando mejoro mis tiempos.” Este logro no es accidental, sino medido y planificado. El entrenamiento ya no es solo resistencia; es «trabajo de fuerza medida» diseñado con precisión para evitar lesiones. Sus profesores son meticulosos porque saben que están tratando con una joya deportiva de 77 años. “Me pongo la gorra de baño y me sumerjo en la piscina mientras me siento llena de alegría,” sostiene, describiendo ese ritual como una conexión vital. “Sé que es algo que haré hasta que mi vida termine.
”Nora no solo entrena; también predica. Su mensaje para los adultos mayores es claro: la tecnología no es un impedimento, es un apoyo esencial.
Si bien reconoce que al principio desconfiaba de estos aparatos, fue la recomendación médica lo que la convenció. Hoy, no puede entrenar sin ellos. La eficacia de su control es tal que sus visitas al doctor se han vuelto meramente rutinarias. Su reloj es su reporte diario de salud, lo que facilita el trabajo de los médicos. Además, usa el mismo Internet para instruirse sobre la alimentación necesaria para soportar sus cargas de entrenamiento. Ella come de todo, “prácticamente no me resto a nada,” aunque aclara con una sonrisa: “no fuma ni bebe alcohol.” Una vida de alto rendimiento exige disciplina. Finalmente, Nora lanza su desafío al mundo, especialmente a aquellos que ven la edad como una sentencia: “Tengo 77 años, pero nado igual que cuando tenía 11, 21, 41 o 61”. Nora ha respondido a la pregunta con cada brazada monitoreada, con cada tiempo mejorado y con cada inmersión alegre. “Bueno, he demostrado que
puedo, y lo haré hasta cuando ya no esté en este mundo.”

