El Departamento de Estado de Estados Unidos implementó cambios en los protocolos para otorgar visas de no inmigrante, incorporando dos nuevas preguntas que los funcionarios consulares pueden realizar antes de la entrevista formal. Estas apuntan a determinar si el solicitante ha sufrido daños o maltratos en su país de origen, y si teme regresar a él.
La medida busca reforzar los filtros migratorios y mejorar la evaluación de posibles casos de asilo, estableciendo una barrera adicional para quienes desean ingresar temporalmente al país.
Según expertos en inmigración, estas preguntas pueden transformarse en una “trampa legal”. Si el solicitante reconoce haber sufrido persecución o temor de regresar, se podría interpretar como una intención de pedir asilo, lo que derivaría en el rechazo inmediato de visas de turismo, estudio o trabajo. Sin embargo, ocultar esa información tampoco es una opción segura, ya que si posteriormente la persona solicita asilo en territorio estadounidense, podría ser acusada de perjurio, arriesgando incluso una prohibición permanente de ingreso.
La medida, revelada inicialmente por The Washington Post, responde a la Orden Ejecutiva 14161 firmada por Donald Trump en 2025, la cual exige reforzar los controles migratorios para evitar el ingreso de personas consideradas riesgosas. No obstante, la normativa ha generado cuestionamientos, ya que podría entrar en conflicto con la Convención sobre los Refugiados de 1951, que establece que el acceso al asilo no debe depender de la forma de ingreso ni de lo declarado en una entrevista consular.
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