A sus 67 años, Eugenia Peña decidió que el aprendizaje no tiene fecha de caducidad. De hecho, para ella, es el momento perfecto para un «Nuevo Sabor».
Armada con su teléfono celular, ese aparato que antes solo se atrevía a contestar con un nervioso «Aló», se inscribió en un curso novedoso que cambiaría su vida: Manejo de Redes Sociales. Su misión no era solo aprender a chatear, sino a vender sus creaciones más preciadas: deliciosas preparaciones gastronómicas, heredadas como un tesoro de su madre.
Este fue el primer paso de una aventura que probaría ser tan gratificante como un postre bien logrado. Al principio, el aula digital parecía un laboratorio secreto y Eugenia, junto a sus compañeros, se sentían como espías novatos. Palabras como «mouse», «teclado» o «click» sonaban a «chino».
Pero el verdadero obstáculo no era el vocabulario, sino un enemigo mucho más potente: el miedo.
Muchos de sus compañeros confesaron haber sido «regañados» por sus propios familiares al intentar tocar un teléfono inteligente o un computador.
Pero Eugenia, con la convicción de una chef que sabe que su receta es infalible, se negó a aceptar ese freno. «Uno tiene que dejar ese miedo en el cajón de los calcetines viejos,» dice con firmeza. La historia de Eugenia es también un testimonio glorioso de cómo el amor y la repetición pueden vencer a cualquier traba mental.
Los profesores de este curso no eran solo instructores; eran «Ángeles de la Paciencia». Entendieron que la memoria, a veces, jugaba a las escondidas con sus estudiantes, obligándolos a reiniciar la explicación una y otra vez.
«No se cansaban de estar repitiendo hasta que uno aprendía,» recuerda Eugenia, con una gratitud que se siente hasta en la pantalla. Este apoyo constante fue el abono perfecto que permitió que las
habilidades digitales de Eugenia florecieran.
El día de la graduación, Eugenia se puso una capa de heroína digital, porque jamás pensó que a su edad lograría tanto, pero ahí estaba.
En primer lugar, aprendió a abrir su correo electrónico, esa «puerta de entrada» formal al mundo.
Así también, convirtió su celular en un centro de comando para enviar mensajes y, más importante, fotos de sus deliciosas preparaciones. Este tipo de cursos, con su foco en empoderar a los adultos mayores,
especialmente a las mujeres, se convirtió en un laboratorio social.
Hoy su meta es clara: eliminar ese temor a la tecnología que se intensificó con el COVID-19. La necesidad de manejar la Clave Única para acceder a beneficios sociales transformó la destreza digital en un factor determinante de dignidad e inclusión.
La tecnología dejó de ser un lujo para ser una herramienta de supervivencia social.
Eugenia actualmente ya no es solo una cocinera: es una Emprendedora Digital Full Time. Sus productos y servicios ya se lucen en vitrinas virtuales como Instagram y Facebook, donde sus fotos de comida compiten en belleza con cualquier influencer de moda.
Cada like es un pequeño aplauso a su valentía. Pero la aventura no termina. Eugenia ya tiene su mirada puesta en otro desafío: El streaming en vivo.
Sabe que en el futuro no descarta las transmisiones en directo, para mostrar sus recetas paso a paso. Para esto, deberá enfrentar su último gran desafío: el miedo escénico y la idea de hablarle a un público invisible.

