A sus 77 años, Marcos Ramírez no solo vive, sino que desborda una energía que podría iluminar un sector residencial por completo. Este torbellino de vitalidad, nos cuenta, tiene un secreto que no se vende en farmacias: sus años dedicados al atletismo.
Para Marcos, el deporte no fue un hobby, sino una «vitamina de alegría» que inyectó a su cuerpo y mente una dosis de optimismo a prueba de todo. Él no solo fue corredor, sino que se convirtió en un verdadero coleccionista de entusiasmo.
Desde hace 40 años, Marcos comparte su podio de vida con Miriam, su compañera inseparable y su principal fan. Juntos, han descubierto que la tecnología es mucho más que cables y pantallas: es un aliado estratégico para desafiar al tiempo y a la geografía.
Aunque sus dos hijas se han aventurado en la gran capital, Santiago, la distancia de 250 kilómetros se ha reducido a un simple «clic». Marcos utiliza su celular como un teletransportador instantáneo para acortar esa brecha. La comunicación no es una obligación, es un juego diario para ver quién logra el emoji más divertido.
Cuando uno habla con Marcos, sabe de inmediato que no está frente a un abuelo cualquiera. Está frente a un «explorador”, ese que siempre tiene su celular a mano, listo para la acción, pero con un toque clásico encantador: a su lado, nunca falta una libreta de batalla, donde anota meticulosamente todo lo que investiga en su travesía digital. Es decir, más allá de la tecnología, lo análogo siempre será fidedigno.
Este ritual de la libreta no es casual. Marcos fue profesor de matemáticas en una escuela rural de San Clemente, y su pasión por la enseñanza y el aprendizaje sigue intacta. De hecho, para prepararse para cualquier conversación, él se adelanta.
Esta inagotable curiosidad es su motor, algo que valida el sitio en internet «A un click» al afirmar que este estímulo constante «genera estimulación cognitiva. Lo estimula a aprender algo, a poder estar más conectado con su familia, a resolver problemas.» Marcos no envejece; simplemente acumula conocimientos y megabytes de sabiduría.
Para Marcos, su celular y computador no son adornos; son el centro de comando de su vida moderna. Por ejemplo, utiliza su smartphone como control remoto para que el ritmo brasileño inunde su hogar. Sus pasillos se convierten en un eterno carnaval gracias a una playlist perfectamente diseñada, demostrando que la mejor música está a un toque de distancia.
Su computador es indispensable. Lo usa para poner orden en sus finanzas, pero también se transforma en su palco personal para ver los partidos de su amado Rangers. El grito de gol se escucha con la misma potencia, sin importar si es en el estadio o a través de la pantalla.
Marcos lo tiene claro: la tecnología es su carril rápido. Le permite relacionarse, informarse, comprar y vender, realizar trámites burocráticos y un sinfín de actividades. Como él mismo asegura: «Hay cosas que puedo hacer más rápido utilizando las plataformas que están disponibles en el mercado”.
Para Marcos y Miriam, las redes sociales son la versión moderna de las cartas, pero con fotos y videos instantáneos. WhatsApp, Facebook, YouTube e Instagram se han convertido en el álbum familiar interactivo.
Ver las fotos de sus nietos no es solo un vistazo, es un reducir a cero la distancia que los separa de Santiago. Son las herramientas que les permiten ser abuelos presentes, a pesar de los kilómetros.
Pero la tecnología de Marcos tiene un enfoque aún más práctico: el cuidado de su salud física. Junto a Miriam, mantienen una rutina de caminata diaria de cuatro a cinco kilómetros. Para complementar, han adoptado un programa de ejercicios que es su secreto mejor guardado: una rutina que encontraron en YouTube.
La vida de Marcos es la prueba viviente de que la vejez no es una línea de meta, sino una nueva vuelta olímpica. Él lo resume de manera elocuente, casi como un mantra: «No te rindas que la vida es eso… «La vida se acaba cuando la muerte la reemplaza.»
Su excelente salud mental y física demuestra que la participación constante en el mundo digital puede ser el pilar de una vejez digna, integrada y, sobre todo, tremendamente divertida. En ese sentido, este amigo nos da una cátedra: el mundo digital no solo es para los jóvenes, sino para todos aquellos que, como él, eligen vivir cada día con la curiosidad de un niño y el entusiasmo de un atleta a punto de ganar el oro.

